Sarkozy, a todo o nada

PARIS.- Nicolas Sarkozy tiene 63 días para explicar lo que hizo y lo que no pudo hacer en cinco años como presidente de Francia . En los dos meses que faltan para la primera vuelta de las elecciones presidenciales -previstas para el 22 abril-, Sarkozy propondrá a los franceses un nuevo contrato para construir "Una Francia fuerte". Ese eslogan contrasta, en todo sentido, con "El cambio es ahora", que postula el socialista François Hollande, gran favorito de los sondeos.

"Trabajo, responsabilidad y autoridad" son las tres palabras clave que repetirá Sarkozy a lo largo de las próximas semanas para tratar de convencer a los franceses de renovarle la confianza que depositaron en él en 2007, cuando lo llevaron al Palacio del Elíseo con 54% de los votos. Si lo consiguiera, teniendo en cuenta su situación actual, sería una auténtica proeza.

Ya pasado el supuesto "efecto sorpresa" de su anuncio del miércoles pasado, ¿qué se puede esperar de una campaña que -ahora- podrá desarrollarse claramente? El presidente saliente lo sabe, le será imposible utilizar el balance de estos últimos cinco años para acortar la considerable distancia que -según los sondeos- lo separa, en la primera vuelta, pero sobre todo en el ballottage, de su rival socialista en las intenciones de voto.

"Su balance es su pasivo", afirmaba el desaparecido ex presidente socialista François Mitterrand al referirse en 1981 a Valéry Giscard d'Estaing, quien -ironía de la historia- había escogido el mismo eslogan que Sarkozy: "La France forte (La Francia fuerte)".

La fórmula escogida deja perplejo, en verdad. Más bien parece el reconocimiento de que es necesario actuar para socorrer a "una Francia débil", que en realidad está bajo su responsabilidad hace cinco años.

Sin embargo, mucho se hizo desde 2007. Y el balance no es completamente negativo: la reforma universitaria, el servicio mínimo en los transportes, la necesaria reforma de la jubilación para ponerse a tono con el resto de Europa o la gestión de la crisis financiera pueden hablar a favor del jefe de Estado, que también desplegó una considerable energía en la escena internacional. El G-20, la crisis del euro y la sublevación en Libia mostraron un Nicolas Sarkozy pragmático, capaz de tomar decisiones y voluntarista.

"La culpa es de la crisis"

Pero los resultados no están a la altura de las expectativas. "La culpa la tiene la crisis", repite el principal interesado. El argumento es válido, pero sólo en parte. En el terreno fiscal, del gasto público, del déficit estatal y comercial, Sarkozy consiguió decepcionar hasta a sus más ardientes admiradores.

Sus correligionarios de derecha afirman que el verdadero error del quinquenio fue no haber hecho desde 2007 el buen diagnóstico de la economía francesa.

"Quiso ser el presidente del poder adquisitivo, sin ver que eso sólo podía ser el resultado de una buena política económica y no una condición previa", señala el economista liberal Nicolas Baverez.

Hiperpresidente, Sarkozy atropelló todos los códigos hasta llegar a provocar un auténtico rechazo en la opinión pública. De su programa de 2007 no queda gran cosa.

"¿Dónde está su «trabajar más para ganar más», el escudo fiscal, una Francia de propietarios, la promesa de no aumentar los impuestos?", prosigue Baverez. De sus propuestas al electorado de derecha y a aquellos que lo tomaron por un mesías, sólo quedan la reducción de los derechos sucesorios y la exoneración fiscal y social de las horas extras.

En cuanto a los impuestos, todos han sido objeto de fuertes aumentos: la cotización social generalizada (CSG) sobre los beneficios patrimoniales, los impuestos a las ganancias e incluso el IVA.

"Jamás, el sentimiento de injusticia fiscal fue tan profundo en Francia", advierte el sociólogo Emmanuel Todd .

Cuando faltan 60 días para la primera vuelta, su precipitada entrada en campaña demuestra que Sarkozy perdió el control de ésta desde hace tiempo. Hasta hace muy poco, el presidente afirmaba que su misión era "presidir" y su responsabilidad "ocuparse hasta último momento de los problemas del país". Según el Elíseo, Sarkozy recién entraría en campaña el 15 de marzo.

Ahora ya está hecho. ¿Conseguirá hacerse oír en un país angustiado por el aumento del desempleo y los riesgos de todo tipo?

El ejercicio es peligroso. Por un lado, a su tríptico "trabajo, responsabilidad y autoridad", los franceses parecen preferir otro -"igualdad, justicia, solidaridad"-, defendido por el candidato socialista. Por el otro, la traducción de esos principios en propuestas bien podría volverse en su contra. El perfecto ejemplo es su intención de someter a referéndum las condiciones para que los desempleados sigan recibiendo sus beneficios. Más allá del valor moral de esa decisión, las objeciones son inevitables: ¿por qué no lo hizo antes si era tan importante? ¿El problema esencial no es el desempleo de casi un 10% (un millón más de desocupados desde que asumió sus funciones) en vez de los desempleados?

El segundo gran obstáculo que deberá sortear el jefe de Estado es político: ¿cómo seducir al electorado más a la derecha -incluso de la extrema derecha- sin hacer huir a los centristas, y viceversa? ¿Cómo defenderse a la vez de la líder de extrema derecha, Marine Le Pen, y de los argumentos del centrista François Bayrou?

Asumiendo como propios -como también hizo en 2007- los temas caros al Frente Nacional sobre los desempleados "asistidos" y los peligros de la inmigración, Sarkozy indicó claramente que, para él, la presidenta del Frente Nacional (FN) es su principal amenaza. La reacción inmediata de Bayrou llamando a los "humanistas" a oponerse a esa "desviación inquietante y perniciosa" demuestra que podría perder de un lado lo que espera ganar del otro. El problema es que -también como en 2007- Sarkozy necesita en la segunda vuelta buenas transferencias de votos de ambos electorados si quiere tener una mínima posibilidad de ganar.

Por el momento, nada funcionó. Ni siquiera la afirmación de una "presidencia tranquila" sirvió para convencer a los franceses. Las intenciones de voto para la primera vuelta quedan irremediablemente paralizadas entre el 22% y el 26%, cuatro a cinco puntos detrás del candidato socialista, François Hollande, como muestran las dos últimas encuestas de los institutos Harris y BVA.

A menos de dejar a Hollande consolidar pacientemente su posición de favorito, era urgente reaccionar. Lo hizo lanzándose con ardor y dando un vigoroso golpe de timón hacia la derecha. ¡Mala suerte por el presidente protector! ¡Viva el candidato provocador! Es cierto que ese papel responde mucho más a su naturaleza y a su estilo. Pero también es verdad que fue justamente ese personaje, intempestivo y brutal, que consiguió cansar a los franceses escasos meses después de haber asumido sus funciones.

Sarkozy tiene dos meses para revertir la tendencia. "Trabajo, responsabilidad y autoridad" han sido pensados para seducir -como hace cinco años- a la derecha y las clases populares, tentadas por los extremos. Reconquistarlas será la principal preocupación para aquel que persiste en recordar que esta elección será "la primera del siglo XXI". Una elección en la que una Francia debilitada deberá imperiosamente iniciar un nuevo camino, sea cual sea el triunfador.

Francia hoy, en números y notas

49%

Francia, como Grecia Poco menos de la mitad de los franceses estima que en los próximos meses su país podría encontrarse en la misma situación que Grecia, al borde del default, según un sondeo publicado ayer. Los más pesimistas son los simpatizantes de izquierda (54%) y los de extrema derecha.

28%

Hollande, el favorito Según un sondeo publicado esta semana, en la primera ronda de los comicios, el candidato socialista favorito en las encuestas, François Hollande, obtendría el 28% de los votos. En la segunda vuelta, derrotaría ampliamente a Sarkozy con el 57% de los sufragios.

24%

Sarkozy, el perdedor En la primera ronda de los comicios, de acuerdo con una encuesta de Harris Interactive, el presidente Nicolás Sarkozy obtendría el 24% de los sufragios. En la segunda vuelta, el mandatario perdería la elección, ya que recibiría sólo el 43% de los votos.

0,2%

Crecimiento del PBI En medio de la crisis de la eurozona, la economía francesa, la segunda de Europa, registró una sorpresiva suba en el cuarto trimestre de 2011. Entre octubre y diciembre registró un crecimiento del PIB de 0,2% con respecto al trimestre anterior.

AA+

Pérdida de la AAA A mediados de enero, la calificadora Standard & Poor's rebajó en un escalón la nota de Francia, que ostentaba la máxima calificación, y cayó de AAA a AA+. La nota de la quinta economía del mundo fue degradada junto con la de otros países de la eurozona.

9,9%

El desempleo, en alza Para hacerle frente a este flagelo, el presidente Nicolas Sarkozy decidió destinar 30.000 millones de euros al año para entrenamiento laboral para financiar una campaña que busca combatir la peor tasa de desocupación del país en años.

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