Enjundiosa puesta de "señorita julia" en la sala el extranjero

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Buenos Aires, 21 de febrero (Télam, por Héctor Puyo).- Marcelo Velázquez es el director de "Señorita Julia", del dramaturgo sueco August Strindberg, que en loable versión de Enrique Papatino se ofrece en la sala El Extranjero los viernes y domingos.

El texto ha sido puesto en numerosas oportunidades en los últimos tiempos -por lo menos cuatro entre 2010 y hoy en la cartelera porteña-, porque Strindberg es uno de los dramaturgos más potentes de fines del siglo XIX y principios del XX y quizá porque sólo tiene tres personajes, cosa rara en obras de la época.

Escrita en 1888 y estrenada un año después en Copenhague ante una platea escueta en función de evitar la censura, cuenta la seducción de Julia a manos de un criado durante una Noche de San Juan, con alcohol y algún desenfreno.

En la versión que nos ocupa, Julia es Josefina Vitón, el criado Juan es Gustavo Pardi y su novia Cristina, cocinera de la casa, es Paula Colombo, quienes recorren la escueta y funcional escenografía de Nicolás Nanni, iluminados por Alejandro Le Roux.

La vida de Julia ha sido hasta el momento una suma de tedios y facilidades, ya que su padre goza de un condado que le llega de un antepasado molinero, y su hipotético linaje trastabilla en el encuentro brutal con sus subordinados.

El conde ha salido de la finca, pero la presencia de sus botas en escena cobra tanta importancia como el uniforme que usa el criado y que representa para él un yugo al que le cuesta resistir a pesar de sus atisbos de rebeldía y venganza.

Contrariamente a lo que se ha sugerido a lo largo de los años, en él no anida ningún sentimiento de reivindicación social colectiva sino que detesta el lugar que le tocó en suerte; su iracundia es más que nada envidia y resentimiento.

Eso es lo que permite el duelo dialéctico entre él y su ama, que gracias a su inteligencia, y sobre todo a su belleza, puede seducirlo e incluso hacerlo patinar en su embestida, que incluye unos sueños de vida burguesa de difícil concreción.

La que no se deja seducir y sobrevuela la acción con un fatalismo desarmante, incluso reaccionario, es la cocinera, segura de su ubicación social y de la inviabilidad de los berretines de su pareja, aun en los lances de atracción y sexo con la aristócrata.

No es casual que todo suceda en la Noche de San Juan, durante el breve verano escandinavo, una de esas festividades religiosas en cuya tradición se intercambian los roles como forma de descompresión social.

Si bien traslada el lenguaje al habla rioplatense, la versión de Papatino dirigida por Velázquez respeta las pautas de realismo que plantea Strindberg a fines del siglo XIX, con un ámbito que transmite el ambiente rural con pequeños detalles como la comida real servida en escena y la muerte a cuchillo del jilguero, además de la ubicación en una cocina.

Es interesante la omisión del acto sexual a la vista del público, que en otras versiones fue un escollo de compleja resolución, así como el minucioso rastreo psicológico que lleva a los personajes a sostener diálogos en que la evocación, el presente y los sueños se entrelazan, que la versión aprecia y subraya.

Hay también un gran respeto por el juego del autor, con un Gustavo Pardi de cuidada inflexión y una Paula Colombo imbuida de su rústica cocinera, aunque Josefina Vitón, de buena postura, yerra en la colocación de su voz y eso es una pena.

"Señorita Julia" se ve en El Extranjero, Valentín Gómez 3378, viernes a las 21 y domingos a las 19.(Télam).-

hp-pfm-jja 21/02/2012 14:00

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