Efemerides del 20 de noviembre

Buenos Aires, 19 de noviembre (Télam).- Las efemérides correspondientes al 19 de noviembre son las siguientes: 20 DE NOVIEMBRE DE 1845: DÍA DE LA SOBERANÍA NACIONAL – BATALLA DE LA VUELTA DE OBLIGADO. La importancia de Obligado no es simplemente conmemorativa, sino que más bien es conceptual, por su significación en la lucha de los argentinos por la SOBERANÍA NACIONAL. Se sospechaba como un hecho posible la agresión colonialista de las dos potencias más grandes del orbe. Rosas había previsto, que el escenario de los episodios iba a ser el río Paraná. Allí la escuadra anglofrancesa realizaría su demostración de fuerza. Ante la proximidad de los invasores, el general Lucio N. Mansilla intuyó que lo mejor era fortificar la Vuelta de Obligado. Allí el río tiene 700 metros de ancho y un pronunciado recodo, lo que facilitaría la defensa. Por allí, debían pasar las escuadras de Gran Bretaña y Francia para llegar a Corrientes. Mansilla, había hecho tender, de costa a costa, sobre veinticuatro lanchones desmantelados y fondeados en línea, tres gruesas cadenas. En la ribera derecha se montaron cuatro baterías: la Restaurador Rosas; la General Brown; la General Mansilla y la Manuelita. Estaban artilladas con treinta cañoncitos de bronce que no sobrepasaban el calibre veinte. Dos mil hombres estaban detrás de las trincheras. Los cuerpos rurales estaban al mando de Facundo Quiroga (hijo del caudillo riojano, y vecino de San Pedro). Dos días antes de la batalla, los vapores de vanguardia de la flota enemiga habían arribado a las cercanías de Obligado; fondearon al otro lado del Ibicuy. Mansilla, se hizo transportar en un bote para reconocer a la escuadra colonialista y regresó a su batería. Era tal la lluvia, que los comandantes anglofranceses difirieron el ataque para el día siguiente. El 20 de noviembre de 1845 la neblina se disipó y los comandantes agresores ordenaron el ataque. Un Mansilla enfurecido proclamó a la tropa: “¡Allá los tenéis! Considerad el insulto que hacen a la soberanía de nuestra patria al navegar, sin más título que la fuerza, las aguas de un río que corre por el territorio de nuestro país. ¡Pero no lo conseguirán impunemente! Vamos a resistirles con el ardiente entusiasmo de la libertad. ¡Suena ya el cañón! ¡Tremola en el Paraná el pabellón azul y blanco y debemos morir todos antes de verlo bajar de donde flamea!”. Cuando el primer barco extranjero se puso a tiro de las baterías, Mansilla dio la señal de fuego con el tradicional "¡Viva la patria!". Respondieron noventa y seis bocas de fuego de mayor potencia y alcance que nuestros simbólicos cañoncitos. Los buques ingleses y franceses fueron los siguientes: vapor Gorgon, llevando la insignia del comandante en jefe: Sir Charles Hotham; fragata Firebrand; corbeta Comus; bergantín Philomel; bergantín Dolphin; bergantín Fanny; bergantín San Martín (buque de la armada argentina apresado en Montevideo) con la insignia del comandante en jefe Trethouart; vapor Fulton; corbeta Expeditive; bergantín Pandour; bergantín-goleta Procide. Es decir, once buques con noventa y nueve cañones de grueso calibre. La nave insignia invasora se preparaba a cortar las cadenas cuando repentinamente calmó el viento. Debió anclar. Fue el blanco de las cuatro baterías: tuvo dos oficiales y cuarenta y cuatro hombres fuera de combate, dos cañones desmontados y la arboladura pronta a caer. Además, una bala le cortó la cadena del ancla, y la fragata fue arrastrada corriente abajo. Al mediodía Mansilla comunica a Rosas que los enemigos no han podido llegar a él, pero que no tardarán en hacerlo dado que los nuestros se quedaron sin municiones. Ante la imposibilidad de poder responder con la efectividad necesaria, el comandante del Republicano, capitán Craig, quema su último cartucho y lo vuela para que no caiga en poder del enemigo. Los buques aliados avanzan. Las baterías concentran el fuego. Se divisa la figura de Mansilla en medio de las nubes de pólvora concentrando su esfuerzo en ese punto del Paraná donde se juega la honra y el derecho de la patria. Era la una de la tarde y las cadenas, todavía, no habían podido ser cortadas. Los cañones de las baterías hacen retroceder a la Comus y ponen fuera de combate al San Martín. Sería el vapor enemigo Fulton el que se acercaría a las obcecadas cadenas, pero no sin antes perder al maquinista, con un cañón averiado y sufrir perjuicios en el casco y en la máquina. Una lancha del Firebrand se lanza adelante y el jefe inglés, Hope, consigue cortar las cadenas. El Firebrand, el Fulton y el Gordon pasan del otro lado, no sin recibir el fuego de los cañones de Thorne. Pero la poderosa artillería de la Expeditive destruye a la primera batería, aniquilando a todos los artilleros. En medio de todo este aquelarre había una mujer. Se trataba de la Tía Marica, también llamada la Charlatana. Ella, subida a un médano vivaba a "mi amito el Restaurador" mientras las tropas de Mansilla le estaban cortando el paso, por el río Paraná, al gringo invasor y prepotente; era Marica la Charlatana a la que una bala le arranca la cabeza que queda balanceando en un árbol. La batería Manuelita es destrozada. El reducto de Thorne parece un castillo incendiado. Aunque de puro tozudo cause estragos ante un enemigo inmensamente superior. La situación era insostenible para los argentinos. Ya no quedan municiones. A las cinco menos cinco de la tarde hace su último disparo y dos minutos después una granada enemiga lo voltea. "No ha sido nada" dice al levantarse. Le han fracturado el brazo y la cabeza, quedando sordo para siempre. Los defensores de la Vuelta de Obligado ya no contestan el fuego. Desmontados los cañones de las baterías, muertos casi todos los artilleros y sin un cartucho de pólvora para quemar. Los agresores están listos para el desembarco, protegiéndose con el cañoneo incesante de los buques. Los pocos defensores que quedan se preparan para repelerlos, sólo con armas blancas, según las órdenes de Mansilla. Éste es derribado por un golpe de metralla a la altura del estómago. Los piratas, penetraron, violando el espacio nacional. La infantería nacional es diezmada, Los aliados contaron ciento cincuenta hombres fuera de combate y tres buques quedaron prácticamente inutilizados. Las dos horas finales de la batalla aniquilan a la resistencia nacional. Ya son las ocho de la noche y los héroes de Obligado han caído. Pero la bandera de guerra de las baterías no había caído en poder de los anglofranceses porque quedó destruida por el fuego. Baldomero García diría en la Legislatura bonaerense “... la bandera de mi patria, nunca fue rendida sino hecha pedazos”. dch-cdb 19/11/2010 22:23

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