Cirigliano, 5 de selección

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El campeonato argentino no tiene un nivel de exigencia técnica como para garantizar que un futbolista es lo que suponemos a primera vista. Posiblemente el valor de la competencia no sea suficiente para contrastar si un jugador es capaz de sostener su rendimiento en niveles más altos, donde la tolerancia con el error se mide en milímetros. Si la primera división no tiene características de elite, se supone que la B Nacional, menos aún (aunque podríamos discutirlo).

Sin embargo, hay futbolistas por los que vale la pena el riesgo. Cuando las facultades que dispone son tan claramente buenas, la posibilidad de suponer que su fútbol se puede trasladar a lugares más complejos es un juicio probable. Entonces, el intento no sólo vale la pena, sino que es conveniente. Es el caso de Cirigliano, un mediocampista central con tantas capacidades para su puesto que el nivel de la competencia queda a la sombra de sus virtudes.

El análisis integral de un futbolista obliga a observarlo desde varios lugares. Desde luego, importan sus cualidades técnicas, físicas y conceptuales. Pero también es necesario distinguir, aunque sea mínimamente, los rasgos salientes de su personalidad. La alta competencia no trata demasiado bien a la fragilidad. Cirigliano comenzó a jugar en un River en penumbras y se afirmó como titular en la B Nacional. "Se hizo" en la adversidad, cuando siempre es recomendable insertar a los jovencitos en la prosperidad. Lejos de desentonar, su fútbol no ha parado de mejorar.

Otro rasgo notable es que suele aparecer con determinación en los momentos de apatía de su equipo y siempre se lo adivina tranquilo en medio de la angustia o la inquietud general. Cuando todo parece urgente y desesperado, no le tiembla el pie para el pase necesario, aunque lo juzguen como una demora. Y su pase es como debe ser un buen pase: seco, plano, decidido y con buena dirección. Su pase es un alivio: para el equipo, porque luego de su intervención el camino está más despejado, y para el público, en tiempos de tanto pelotazo al aire.

Pero de nada sirve un buen pase si no responde a un concepto. En ese punto, Cirigliano parece intuir como son las cosas. Interpreta naturalmente si conviene romper una línea con una habilitación por el centro, o si es mejor frenar y jugar hacia afuera. Sabe cuando es preferible una asociación corta: dos, tres pases insignificantes para luego buscar profundidad. Pero lo que mejor detecta es el desmarque de sus delanteros. Cuando el Chori Domínguez retrocede 15 metros y de golpe gira y va a buscar atrás del marcador, Cirigliano lo ve como nadie y apunta sin cerrar un ojo. Lee el movimiento inmediatamente y disfruta ese instante como quien lo ha esperado toda la tarde. Esa acción, llena de belleza y utilidad, es "su gol".

Sin la pelota, lo que aún no sabe lo aprenderá. Por eso no hay problemas. En todo caso, lo que lo distingue es lo que sí sabe. Hace mucho tiempo que no despunta un volante central con tanta proyección. Posiblemente desde Mascherano. Luego, la carrera de un futbolista puede parecerse poco, mucho, o nada, a lo que se imaginó en un comienzo. Es un tránsito lleno de complejidades. Mientras tanto, Cirigliano es un 5 de selección.

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