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    Una muestra rescata vision utopica de victor grippo sobre el arte

    Buenos Aires, 26 de julio (Télam).- A diez años de la muerte de Víctor Grippo (1936-2002), el Malba le rendirá tributo con una exposición que a partir de hoy, y hasta el 22 de octubre, hará foco en su concepción del arte como herramienta de transformación social, en un recorrido por casi 20 obras que recorren su producción desde los 70 hasta el momento de su desaparición.

    La muestra propone una reformulación de la retrospectiva que el museo le dedicó en 2004, en este caso a través de un enfoque centrado en la veta más utópica del artista que articuló una valiosa obra en torno a la relación del arte con la vida cotidiana, el mundo del trabajo, el alimento y la energía.

    "Se nos ocurrió trabajar sobre la idea de comunidad, que se reitera a lo largo de toda la producción de Grippo. Desde sus comienzos hay una tendencia a pensar en la fundación de la comunidad: pensar en los oficios y en el origen del arte, en la transformación de la cultura, la naturaleza y la creación, todas constantes en su producción", explica a Télam el director del Malba, Marcelo Pacheco.

    "La idea de los oficios y la herramienta se reiteran en su producción desde los años 70 al final. Por eso en esta muestra aparecen desde las primeras mesas con papas hasta la serie de mesas chicas y anónimos que hizo en el 2000. Esta serie, a su vez, tiene que ver mucho con la historia argentina, con los momentos en que la crisis llevó a la disolución de la comunidad en la Argentina", señala el curador.

    "El ejemplo más emblématico es el de la dictadura de 1976, aunque a lo largo de toda su historia la Argentina ha tenido a la guerra civil como una cuestión latente, ya sea a través de los enfrentamientos, la violencia o la dificultad para crear lazos comunitarios. Como hijo de inmigrantes, a Grippo toda esta temática siempre lo obsesionó", apunta.

    En su afán de reflexionar sobre a las condiciones sociales de los trabajadores, Grippo apeló a la utilización de materiales no convencionales y se valió de un enfoque interdisciplinario que vincula la química, la literatura, la música con la filosofía y la alquimia, campos que visibilizan su interés por distintos procesos cifrados en objetos domésticos.

    "Le interesaba mucho reflexionar en torno al rol del artista como creador de lazos comunitarios. Trabajaba sobre la idea de que un país no es una geografía sino una cultura que implica pactos de convivencia y solidaridad", indica Pacheco.

    ¿La elección de este enfoque centrado en la construcción de una identidad social apunta también a explicitar el contraste con el actual escenario en el que la mayoría de las producciones aparecen como replegadas hacia consignas más individualistas?

    "Justamente, en su última producción, Grippo propone un poema donde deja abierta la posibilidad del origen de una nueva comunidad o -por el contrario- lo que llama `el origen de los clones de la nada`, que alude a la aparición de una sociedad donde triunfe la idea de lo faccioso, de lo partidario y lo fragmentario, en la que finalmente la Argentina no encuentre la manera de vivir en acuerdo con ciertos pactos básicos", apunta Pacheco.

    "No hay nada que en la Argentina se dio con mayor fuerza que la cuestión de la identidad, la pregunta constante por quiénes somos. La necesidad de que lo diferente y lo ajeno también forme parte de la cultura... eso es algo que él siempre tuvo muy presente", acota.

    "El arte contemporáneo está cada vez más lejos y, en ese sentido, Grippo lo acercó a la gente: colocaba una mesa junto a un poema y así, de alguna manera, hacía que estos elementos que para todos tienen algún significado y se abren a cierta memoria le dieran la posbilidad al espectador de que tenga una idea de lo que el artista está proponiendo... sus propuestas tienen mucha circulación de sentidos", ilustra.

    El arte para Grippo funcionó siempre como una modalidad de vida antes que una afición ocasional: fue un artista apasionado por la realidad social y mantuvo un fuerte compromiso ético, tal como aparece reflejado en la selección de 18 obras antológicas que exhibirá en esta ocasión el Malba.

    La muestra pone en escena esa singular visión acerca de la vinculación entre vida y arte: en el universo del creador desaparecido hace diez años, el artista debe sacar al arte de sus espacios de circulación habitual y reflexionar acerca de las circunstancias que disuelven el status de ordinario de los objetos y los vuelven extraordinarios.

    "Grippo estaba convencido de que el artista era un agente social, un instrumento de creación de relaciones sociales que no tiene que ver con la idea del artista militante vinculado a la modernidad y gran parte del siglo XX. En este caso, en cambio, estamos hablando del grado de relación que desde los 60 en adelante los artistas se plantean en torno al funcionamiento de la comunidad y al problema que tiene el arte conteporáneo de comunicarse", precisa Pacheco.

    Entre los objetos, instalaciones, obras en proceso, cajas y ambientaciones reconstruidas especialmente para esta exposición se destacan las obras históricas "Todo en marcha.(Índice del movimiento general de los seres y las cosas)" (1973), "Alguno oficios" (1976), "Naturalizar al hombre, humanizar a la naturaleza" (1977), y "La papa dora la papa, la conciencia ilumina la conciencia" (1978).

    También estarán presentes la ambientación de gran formato "La intimidad de la luz en St. Ives. De un lado y del otro", construida en 1997 en la Tate Gallery de St. Ives en Inglaterra, sus célebres series "Cercando la luce", "Anónimos" y las piezas "Vida, Muerte, Resurrección" (1980) y "La comida del artista" (1991), perteneciente a la colección de Malba. (Télam).-

    jg-gel 26/07/2012 13:55

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